miércoles, 24 de julio de 2013

Deva Baumbach

Cielo Abierto

Por Ramón Rosas Caro
Papantla, Veracruz
19/3/2011

La inspiración que le transmite la kguchiná, curandera tradicional, Esperanza Dionisio, desencadenó en dos profundos proyectos encaminados al rescate de la cultura de los pueblos originales de México. La artista escénica Deva Baumbach presenta por segundo año “Cielo Abierto”, compilación de cantos y rezos totonacas, en el marco del Festival de la Identidad Cumbre Tajín 2011 realizado del 17 al 21 de marzo en el Parque Temático Tákil Súkuth de Papantla, Veracruz.

Oriunda de Tepoztlán, Morelos, a los 28 años, ha viajado por Asia, Africa, Europa y el continente americano, su formación, al provenir de una familia de músicos, ha sido natural desde su infancia y adolescencia. Ha estudiado el canto y la danza, sin embargo, ante la propuesta de grabar un disco, a partir de 2007 decide explorar la música y las letras desde la perspectiva que le ha caracterizado en su vida, el amor por la naturaleza y los valores de los pueblos indígenas.

- ¿Cómo nace cielo abierto?
De hecho después de varios años de trabajo en otros proyectos me proponen hacer un disco personal. Eso
fue en 2007, entonces busqué opciones para realizar mi trabajo. Desde siempre estuve muy en contacto con los pueblos indígenas, por eso decido que ese día ser mi tema de trabajo.

- ¿Por qué elegiste el Totonacapan?
Por la inspiración que me produce Esperanza (Dionisio). La conozco hace 6 años y gracias a ella se abrió mi visión del pueblo totonaca, me muestra la belleza de sus tradiciones y su pensamiento. Entonces pienso que debo hacer algo por ayudar a conservar esto.

- ¿En qué consiste tu trabajo?
Es una investigación que hago a lo largo de 2 años y medio. En 2010 presentamos los resultados, es una recopilación de cantos y rezos totonacas. Mi intención era rescatar canciones, sin embargo en los rezos encuentro la mística que buscaba. La fe de los indígenas, aún con el mestizaje de su religión, es muy profunda, al igual que sus raíces, esto lo percibes al escucharlos.

- ¿Fueron 30 meses, cómo fue el proceso?
El trabajo se hizo directo con la gente, con los ancianos, sacerdotes, curanderas. Nos ha abierto muchas visiones. Visité todos los municipios del Totonacapan, especialmente los de la sierra, Zozocolco, Coxquihui, Chumatlán, Filomeno Mata, en cada lugar encontré nuevos valores que era importante mostrar.
Hubo que elegir un instrumento para hacer la base musical, me decidí por la jarana jarocha, y ha funcionado, la tesitura del instrumento le da un toque especial a las letras. Aunque no es un instrumento propiamente totonaca, está muy relacionado con esta cultura.

- ¿Qué hallaste?
La cosmovisión totonaca, su sentido de la fe y de lo divino, su sabiduría y sentido de la salud, valores que se han perdido en el mundo moderno. Desde siempre estuve clarísima con que quería trabajar con lenguas indígenas, estos hallazgos me dieron la razón.

- Tu formación es de cantante y bailarina ¿cómo es que decides componer?
Efectivamente, tengo toda la vida preparándome en danza y canto, pero se dio la oportunidad de hacer algo diferente y tome la decisión, la música no me es ajena, estudié flauta traversa, pero en Cielo Abierto me descubro como compositora. De hecho los últimos 12 meses del proyecto fueron dedicados a este aspecto.

- ¿Cuál es el papel de Pedro Vadhar en este proyecto?
Es el director de música. En realidad es mi amigo de toda la vida, antes me ha dirigido en otros proyectos, pero cuando conoció Cielo Abierto nunca dudó en poner todo lo que estuvo de su parte para que fructificara, puso su estudio y muchas horas de trabajo para lograr este material. Pedro Vadhar es uno de los pilares que hicieron posible esto.

- ¿Después de todo este proceso, te consideras indígena?
Soy mestiza, este trabajo también me ha servido para explorar quién soy, y encontré que soy mitad alemana, pero siempre he convivido con los pueblos originales del mundo, conozco África y la India. Creo que más importante que identificarme como parte de un pueblo es reconocer cada una de mis raíces, ubicarme en el momento que me toca vivir y aportar algún legado al mundo.

- ¿Una vez que terminaste este proyecto, que siguió?
Promoverlo, de entrada presentamos cinco conciertos, en Papantla, Cumbre Tajín, Coxquihui, Puebla y Xalapa.

- ¿Cuál concierto fue el más significativo?
Cada uno tuvo su encanto. El de Puebla fue definitivamente el más completo, la gente nos recibió de maravilla. Pero el de Coxquihui fue algo especialmente difícil, porque al final soy una extranjera que llega a su pueblo a cantarles en su propia lengua, pero al ver la respuesta del público nos damos cuenta que todo esto ha valido el esfuerzo.

- ¿Qué sigue para Deva Baumbach?
Estoy trabajando en otro proyecto semejante, Cantos al Corazón, que estamos desarrollando en los pueblo indígenas de Chiapas, también son cantos y rezos, sólo que esta vez en Tzotzil y Tzeltal. Aunque también hemos explorado un poco al pueblo lacandón, el probable que también hagamos algo con ellos.
Tenemos un año sobre el proceso creativo, el proyecto fue financiado por el Fondo para la Cultura y las Artes. Así como Cielo Abierto fue auspiciado por Cumbre Tajín y el Centro de las Artes Indígenas.

- ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre ambos pueblos?
Las diferencias son externas, realmente tienen que ver con su indumentaria, que es colores más oscuros. Y su música, que en el caso de los chiapanecos es más lunar, contrario al caso totonaca, donde son más bien solares.
Pero las similitudes son más. Ambos son pueblos con un alto concepto de lo divino y la fe. Además son personas que van por el mundo sin máscaras, si no tienen que sonreír no lo hacen, no conocen la hipocresía, eso es algo muy valioso que en nuestra sociedad occidentalizada hemos perdido, así nos enseñan a ser. Igualmente el trabajo en equipo es algo que conservan y valoran fuertemente.

- ¿Entre las culturas chiapanecas qué te ha impactado más?
La pureza con la que se han conservado los rezos tzotziles, simplemente no se parecen a nada en el mundo, la cadencia con la que lo hacen, es algo muy valioso que merece conservarse, porque aún con el mestizaje, les agregaron santos y vírgenes a su religión, pero lo que son propiamente las plegarias, siguen intactos.
También la situación del pueblo lacandón, es maravilloso encontrar que la mitad de los lacandones utilizan su indumentaria prehispánica. Lo malo es que están en peligro de desaparecer, sólo quedan 800, todos enclavados en la selva, y sus únicos 2 sacerdotes son adultos mayores, si no se entrena una persona joven, su religión, que aún es politeísta, podría desaparecer.

- ¿Qué debemos hacer?
Mi propuesta es crear puentes entre las culturas prehispánicas y el mundo moderno, para que ambos podamos nutrirnos unos de otros y conservar los valores de cada una.

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